Lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidadSéneca
Parábola:
"Existió una vez un emperador que convocó a todos los solteros del reino, pues era tiempo de buscar pareja a su hija. Todos los jóvenes asistieron, y el rey les dijo: 'Os voy a dar una semilla diferente a cada uno de vosotros; al cabo de seis meses deberán traerme, en una maceta, la planta que haya crecido, y la planta más bella ganará la mano de mi hija y, por ende, el reino Así se hizo, pero había un joven que plantó su semilla y ésta no le germinaba; mientras tanto, todos los demás jóvenes del reino no paraban de hablar y de mostrar el crecimiento de las hermosas plantas que habían sembrado en sus macetas.Llegaron los seis meses y todos los jóvenes comenzaron a desfilar hacia el castillo con hermosísimas y exóticas plantas floreadas. El joven estaba demasiado triste, pues su semilla nunca germinó; ni siquiera quería ir al palacio pues se consideraba un fracaso, pero su madre insistió en que debía ir, pues era un participante y debía estar allí para dar la cara. Con la cabeza baja y muy avergonzado, fue el último en caminar hacia el palacio con su maceta vacía. Una vez adentro del palacio, todos los jóvenes hablaban de sus plantas y al ver a nuestro amigo sin nada que mostrar, empezaron a reírse y a burlarse. En ese momento el alboroto fue interrumpido por la llegada del rey; todos hicieron su respectiva reverencia mientras que el rey pasaba lentamente entre las macetas admirando las plantas .Finalizada la inspección hizo llamar a su hija, y llamó de entre todos los participantes al joven que llevó su maceta vacía. Atónitos, todos esperaban la explicación de aquella acción. El rey dijo entonces: "Este es el nuevo heredero del trono, el que se casará con mi hija, pues a todos ustedes se les dio una semilla no fértil y trataron de engañarme sembrando otras plantas; pero este joven tuvo el valor de presentarse y mostrar su maceta completamente vacía, siendo sincero, leal y valiente, cualidades que un futuro rey debe tener y que mi hija merece".
Siento que entre los valores que han quedado al desamparo, la honestidad, ha sido uno de los más afectados, es un valor que se ha venido a menos, para ser sustituido con otros valores impuestos por la sociedad. No me convenzo de que el éxito nada más se mida por la consecución de lo material, por el estatus social, el reconocimiento laboral, etc., que obviamente es fruto de nuestro esfuerzo, pero es igualmente importante mantener el equilibrio, conquistando el enriquecimiento de espíritu, de los valores y los principios. Es que logremos transmitir la confianza, la integridad, lo auténtico. Ser tolerantes, pero no complacientes en aras de estar bien con los demás a pesar de uno mismo.
Por ejemplo, si una persona es deshonesta, hacemos ruido, buscamos las causas, analizamos sus consecuencias y hasta podemos llegar a justificar su actitud; pero si somos honestos, pasa a ser un acto afónico, pasa desapercibido, no indagamos por qué ni cómo sucedió, cuando debería brillar y hasta enceguecer por motus propio. Investigamos por qué una persona puede ser deshonesta, pero casi nunca por qué una persona es honesta. Entonces a que acto le damos más relevancia?
Ser honesto, también requiere de valor y coraje, forjarse el carácter, porque hay que decir la verdad de una forma clara y precisa, asunto que no es fácil, tratar de expresarse de forma amable y de la mejor manera posible. Es mantenerse en la esencia, tener un comportamiento correcto, justo, sano en el que llevamos implícito la coherencia entre lo que pensamos, lo que hacemos y lo que decimos.
Por ejemplo, si una persona es deshonesta, hacemos ruido, buscamos las causas, analizamos sus consecuencias y hasta podemos llegar a justificar su actitud; pero si somos honestos, pasa a ser un acto afónico, pasa desapercibido, no indagamos por qué ni cómo sucedió, cuando debería brillar y hasta enceguecer por motus propio. Investigamos por qué una persona puede ser deshonesta, pero casi nunca por qué una persona es honesta. Entonces a que acto le damos más relevancia?
Ser honesto, también requiere de valor y coraje, forjarse el carácter, porque hay que decir la verdad de una forma clara y precisa, asunto que no es fácil, tratar de expresarse de forma amable y de la mejor manera posible. Es mantenerse en la esencia, tener un comportamiento correcto, justo, sano en el que llevamos implícito la coherencia entre lo que pensamos, lo que hacemos y lo que decimos.
Para rescatar la honestidad, debemos conocernos y aceptarnos, debemos actuar en función a lo que queremos, en este sentido, se puede concluir, que para comenzar a despertar a la honestidad, podríamos orientarnos en estas acciones: Decir la verdad de lo que pensamos y sentimos, por nosotros y por que los demás merecen saber a que atenerse; Ser auténticos, porque si no lo somos, nuestra naturaleza reclamará tarde o temprano lo que es propio; No escondernos detrás del comportamiento de los demás, debemos asumir nuestra responsabilidad cuando fallamos, porque cuando triunfamos todos somos hijos del éxito; No digamos palabras que no sentimos, a la postre será una condena y es mentirnos a nosotros mismos. No aprovecharnos de los más débiles o vulnerables, pues tarde o temprano se nos devolverá como un boomerang. No engañemos a quienes confían en nosotros, con esto creamos resentimientos y malas actitudes
Tenemos que revisarnos, reflexionar, recomponernos y renovarnos en función de devolver a la sociedad, un poco de tranquilidad, en no estar ni a la ofensiva o a la defensiva porque estamos llenos de desconfianza. Restituir la honestidad es un buen comienzo. Convertirlo en un valor cotizable.


